Lo que no supe nombrar
La gente anhela ser querida y, como si de intercambio se tratase, hace el intento de querer también,
Queremos a alguien con quien quejarnos, enojarnos, ocultar las inseguridades y sentir que todo estaría bien.
Esperamos que se enamoren de una máscara; preferimos eso, aunque sea superficial.
Creemos pertenecer a algo genuino con tanto maquillaje que oculte todo lo que está mal.
¿Cómo vamos a sentirnos bien al dibujar una sonrisa mientras nos sacamos una foto?
Como si, por protegernos, fuésemos a dejar de sentirnos vacíos y rotos.
Nos volvemos personas que idealizan porque, tal vez, así suplimos eso que, según nosotros, necesitamos.
Hay miradas que llevan destrucción con un temporizador y, aun así, nos acercamos.
A veces nos llenamos de excusas, diciendo que no queremos amor, pero lo buscamos.
Y cuando estalla en el corazón, tal como supimos desde un inicio, pues, reímos y lloramos.
Desde que existen las sociedades, han existido estándares de cómo amar. Porque si alguien cumple esas reglas, nos llena de encanto.
Siempre pensé que amar era una decisión. Claro que decidimos amar, pero no tanto.
Enumerando tantas cualidades por cumplir, como si fuese un contrato, ignorando lo escrito por detrás.
Entonces parece que buscamos ser amados, pero medimos el amor… porque, qué pena amarles más.
Me sorprendo de la facilidad que tienen algunos para recibir eso, ese no sé qué, porque no creo que eso sea amor verdadero.
Unos encuentran personas para las cuales ser su último; otros se enojan porque también querían ser los primeros.
A todo esto, ¿qué es el amor? ¿Sobre qué estoy escribiendo?
¿Qué estaba observando, si nada estoy entendiendo?
¿Qué estoy pensando? ¿Qué estoy sintiendo?
¿Con qué me estoy encontrando? ¿De qué me está sirviendo?
¿Por qué estoy llorando si antes estaba riendo?
¿Qué estoy necesitando? ¿Y por qué me está doliendo?
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